| Tiempos de Serenata en la Historia |
Los inolvidables José Novillo y Cunco Nanni fueron a su vez fervorosos sostenedores del rito y más tarde –historia reciente- Martín Salazar con Víctor Ruíz comienzan a sumarse periódicamente esas luminosas siembras musicales. “La Serenata” en Cafayate era una institución tradicional auténtica. Un culto cumplidamente celebrado a través del tiempo. Lo de ahora es la exaltación poética de ese rito. Sentido de la Fiesta Anual “La Bodega Encantada” La “Serenata a Cafayate”, que se puso en marcha en 1974, no pudo realizarse al año siguiente en virtud de trabas de la burocracia oficial. Había que pedir permiso para realizar festivales y la autorización llegó dos días antes de la fecha fijada para la iniciación de la Segunda Serenata, que fue transferida para que la fiesta de Cafayate escapara de toda estructuración corriente, se decidió que la programación debía ser integrada exclusivamente por artistas salteños y por aquellos que habitualmente residen o desarrollen sus actividades en nuestra provincia. Y así se hizo desde febrero de 1974, cuando en la esquina de la plaza de Cafayate se levantó el proscenio que alojó la primera “Serenata”, que a juicio de algunos observadores, por la conmovedora modestia de conformación “fue la más hermosa de todas”. Redondeando la enunciación de la filosofía y propósitos que guiaron la instalación de la “Serenata a Cafayate” se puede decir, encontró su lugar para el año 1976, cuando su escenario se ubicó en el ámbito natural de una vieja bodega. Es decir en lo que actualmente se denomina “La Bodega Encantada”, que cuando llega febrero pone en libertad los duendes de la guitarrería, las dormidas esencias de la canción que se esparcen por todo el Valle como la convidadora señal del tiempo de la Serenata. Texto publicado en Diario el Tribuno de Salta, el día 29 de enero de 1978, cuyo autor fue el siempre recordado César Fermín Perdiguero.
Otros recuerdos de la Primera Serenata en 1974, están enunciados en el libro de Carola Briones “Serenata a Cafayate 2001” y traen a la memoria los siguientes significativos datos: “A una Pasión Calchaquí” se llamó la distinción consistente en tres medallas de oro en recordación de Juan Calchaquí el último cacique de esta región. Fue otorgado por don Pepe Lacasa, un ferviente animador y un asiduo concurrente a la Serenata y se haría acreedores a esta distinción aquellas personas que se desvelaron por el resurgimiento de Cafayate. La recibieron en virtud de sus méritos, el pintor Calixto Mamaní, el artesano Sixto Maita y don Rodolfo Bravo, quien la rechazó mediante nota enviada a los organizadores de la Serenata. En esta Serenata se organizó un concurso poético sobre el tema: “Serenata a Cafayate”. Fueron jurados: Walter Adet, Raúl Manuel Aráoz Anzoátegui y Carola Briones; y los resultados fueron: 1º Premio: “Canto a Cafayate” de Jorge Díaz Bavio. Al promediar febrero de 1976, el tiempo trajo la Segunda Serenata, trasladándose la fiesta al predio que actualmente ocupa la vieja bodega de los Coll. Este lugar fue descubierto por Marcela Achával de Etchart, luego de recorrer el pueblo en busca de un sitio donde continuar la fiesta. La Comisión organizadora dio el visto bueno y comenzaron los trabajos para poner el local en condiciones. Llegada la noche, y ya en el escenario “Payo Solá” de la Bodega Encantada la inconfundible voz del Perdiguero, confundido con los estruendos de los fuegos artificiales, convocaba al pueblo con su “ALEGRATE CAFAYATE!”, que los vientos llevaban y traían, poblando de rumores la placidez del valle. Era la señal de que la fiesta comenzaba. Textos extraídos del libro “Serenata Cafayate 2001” de Carola Briones. |
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